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Generaciones que cambian

Las nuevas generaciones buscan una fe auténtica y un lugar donde pertenecer. Líderes del foro de Asia 2025 sobre cómo tender puentes entre generaciones.

Generaciones que cambian

Las nuevas generaciones buscan una fe auténtica y un lugar donde pertenecer. Líderes del foro de Asia 2025 sobre cómo tender puentes entre generaciones.

Por Abhishek Prabhakar John

Resumen

Comprender a las nuevas generaciones y su papel en la misión de Dios depende del concepto de comunidad: su ausencia y su potencial. Si los patrones actuales continúan, la distancia no hará más que crecer: entre generaciones, entre la iglesia y una sociedad en transformación, y entre los líderes emergentes y las oportunidades de contribuir de manera significativa a la misión de Dios. Pero cuando las instituciones y las comunidades cristianas crean intencionalmente espacios de pertenencia, confianza y vida compartida, pueden tender puentes hacia una nueva etapa de misión y testimonio.

Las conclusiones que siguen (y el resumen anterior) provienen de las reflexiones de líderes misionales de Asia, de entre 25 y 75 años, que se reunieron en el Foro Global de Perspectivas de Asia 2025 de Haggai. El foro buscaba hacer emerger perspectivas no occidentales sobre la misión en un mundo que cambia rápidamente, con un enfoque temático central en las transformaciones generacionales en Asia.

Temas principales

El papel de la iglesia

Hoy las iglesias viven una tensión real. Por un lado, existe un profundo compromiso con la tradición y con lo que se ha transmitido fielmente a lo largo del tiempo. Por otro, las nuevas generaciones crecen en un mundo muy distinto. Muchos jóvenes están dispuestos —incluso deseosos— a involucrarse en sus comunidades de fe, pero a menudo no encuentran un espacio significativo para participar, liderar o ser escuchados. Estas brechas no siempre son intencionales, pero se manifiestan en oportunidades limitadas, en una conexión comunitaria débil y en una creciente sensación entre los jóvenes de que quizá deban buscar fuera de la iglesia un sentido de pertenencia y de propósito. La brecha, entonces, no siempre está entre los jóvenes y Dios, sino entre los jóvenes y la iglesia.

Cultura e identidad

Las nuevas generaciones buscan activamente identidad y pertenencia, y con frecuencia se mueven entre los valores culturales heredados y las realidades de un mundo que cambia rápidamente. Están moldeadas por influencias globales, por la cultura digital y por nuevas expectativas en torno al trabajo, el género y la vida comunitaria. La migración por estudios y empleo las expone además a nuevas ideas y oportunidades, que a su vez transforman su manera de entender el éxito, las relaciones y la vida cotidiana. Esto crea una mezcla compleja, en la que la cultura sigue importando pero se reinterpreta constantemente. En el proceso, la distancia entre generaciones puede crecer, no solo en las creencias, sino en la manera misma de entender la vida.

Cultura digital y tecnología

Para las nuevas generaciones, el mundo digital no es un complemento: es el espacio principal para aprender, conectarse y expresarse. Las atraen las formas de comunicación rápidas, visuales y directas, y su sentido de identidad suele formarse en línea. Las cuestiones de influencia, visibilidad y pertenencia se viven a diario en las redes sociales. Como resultado, la autoridad se desplaza de las fuentes tradicionales, como la familia y los líderes comunitarios, hacia los influencers de las redes sociales y las aplicaciones basadas en inteligencia artificial. Sin embargo, las personas participantes consideraron que los jóvenes no son consumidores pasivos: usan las plataformas digitales para compartir ideas, explorar la fe e incluso dar testimonio de nuevas maneras.

Fe y misión

Las nuevas generaciones no necesariamente se están alejando de la fe: piden que sea real. Las atraen las expresiones de fe que se viven en la vida cotidiana, honestas en sus preguntas y pertinentes para el mundo que habitan. Quieren contribuir ahora, no más adelante, y responden cuando se les da responsabilidad y confianza. Revisan lo que han heredado, lo que genera a la vez tensión y oportunidad para un compromiso más profundo. La fe cobra sentido cuando se conecta con las realidades diarias —el trabajo, las aulas y las relaciones— y cuando habla de preocupaciones más amplias como la justicia social, la comunidad y el cuidado de la creación. Las relaciones entre pares también desempeñan un papel clave, ya que los jóvenes suelen influir en el camino espiritual de los demás. Lo que buscan no es perfección, sino autenticidad: una fe que una creencia y práctica de una manera que dé sentido a la vida real.

La brecha generacional

La brecha entre generaciones no es solo una cuestión de edad: es profundamente relacional. En el fondo, refleja preguntas de confianza, comprensión y experiencia compartida. Las generaciones mayores suelen valorar la estabilidad, la continuidad y los caminos probados, mientras que las más jóvenes tienden a cuestionar las expectativas fijas y a buscar flexibilidad en su forma de vivir y trabajar. La tecnología se ha convertido en una línea divisoria clara, que moldea cómo cada grupo se comunica, aprende e interpreta el mundo. Estas diferencias pueden llevar fácilmente a malentendidos, cuando cada lado mira al otro a través de su propio lente. Aun así, muchos se encuentran viviendo en medio, tratando de conservar lo valioso del pasado mientras se adaptan a nuevas realidades. Tender un puente sobre esta brecha requerirá espacios intencionales de escucha, colaboración y vida compartida, donde puedan reconstruirse las relaciones, no solo las ideas.

Liderazgo y poder

En muchos contextos, el liderazgo sigue estando firmemente en manos de las generaciones mayores, lo que determina quién tiene acceso y quién no. Esto se manifiesta de maneras sencillas pero reveladoras: «a los más jóvenes se les dice… ¿podrían salir de la sala, por favor?», o se los considera «poco acertados en sus decisiones». Los jóvenes suelen estar presentes, pero no ser escuchados. Incluso cuando se los incluye, «no tenemos ningún espacio de decisión para ellos». Estos patrones también son estructurales. En muchos lugares, «muchas de las instituciones… están controladas por las [generaciones] mayores», y la autoridad está ligada a roles establecidos. Detrás de esto hay una pregunta más profunda sobre quién se considera apto para liderar: a los jóvenes se los ve como «sin raíces», mientras que los líderes mayores dan por sentado que «sabemos más». Esto genera una tensión generacional constante. Al mismo tiempo, se reconoce cada vez más que el liderazgo debe reimaginarse. Los líderes mayores están llamados a «ofrecer el espacio… darles la oportunidad» y a dar pasos intencionales «para tender un puente hacia la generación joven». Las personas participantes destacaron un liderazgo compartido, en el que «el entusiasmo… de los jóvenes» camina junto a «la madurez y la sabiduría de los mayores». También hay una clara necesidad de una transición intencional, con la disposición a decir: «la próxima generación está tomando el relevo».

Mentoría

En distintos contextos se observa una brecha clara en la mentoría: a menudo «no hay mentoría para los jóvenes» o «no hay muchos mentores disponibles». Los líderes coinciden en que la mentoría es crucial, y el desafío tiene menos que ver con los recursos que con la atención, porque una mentoría significativa exige presencia: «darles no solo dinero… sino nuestro tiempo». A los jóvenes se los ve llenos de potencial, pero necesitados de dirección. La mentoría se entiende cada vez más como algo relacional, en el que «no se los lanza simplemente a algo… se va con ellos». En su mejor expresión, se convierte en una práctica intergeneracional en la que los líderes mayores invierten a fondo. «Si pudiéramos ser mentores de uno, ellos podrían serlo de diez».

Relaciones

Hay una brecha clara dentro de las familias. «Ellos [la generación joven] no son tan abiertos con sus familias», y los propios padres no saben bien «cómo acercarse a sus hijos». Al mismo tiempo, las relaciones en línea suelen describirse como superficiales, «apenas una amistad sin conocerse de verdad». En este contexto, los pares ejercen una influencia significativa. Lo que marca la diferencia, entonces, no es hablar más, sino escuchar más. Así se ve en los jóvenes que siguen volviendo a un programa juvenil en Malasia porque «sienten que pertenecen». En grupos pequeños pueden hablar abiertamente de salud mental y de sus luchas personales, porque saben que están en un «espacio seguro». En las conversaciones, un punto quedó claro: «lo más importante es la relación».

Confianza y autenticidad

La confianza no se da por sentada, se construye, y en las nuevas generaciones crece a través del respeto mutuo y de la presencia relacional, más que de la autoridad por sí sola. A menudo hay una vacilación inicial, sobre todo hacia las generaciones mayores. En las familias, el liderazgo y las instituciones se advierte una notable erosión de la confianza entre los jóvenes, marcada por la sensación de ser incomprendidos o ignorados. La autenticidad importa profundamente, y son especialmente sensibles a la incoherencia o a la hipocresía. Para ellos, la confianza se fortalece con humildad y vulnerabilidad, y se sostiene cuando hay una clara coherencia entre lo que se cree y cómo se vive en la vida cotidiana.

Desafíos de la generación joven

En contextos como Filipinas, Pakistán e India, la ansiedad aparece como un rasgo importante de la generación joven, a menudo centrada en el futuro: el empleo, la estabilidad y el creciente impacto de la inteligencia artificial. La salud mental se ha convertido en una preocupación visible y apremiante. Estos desafíos se intensifican por los entornos en los que viven los jóvenes. En contextos como Pakistán, la exposición a influencias dañinas, como las drogas o los grupos de pares poco sanos, genera una presión significativa. Los entornos de las redes sociales, a menudo caóticos y muy influyentes, moldean la conducta, las expectativas y la identidad. El impacto de la cultura digital se advierte en cambios en la atención, el pensamiento y la participación. Muchas personas participantes describieron una falta de arraigo en la formación de las nuevas generaciones. Hay energía y entusiasmo, pero a menudo sin la profundidad que dan la experiencia, la reflexión o una base sólida. En los contextos asiáticos en particular, esto refleja una brecha entre el potencial y la madurez. Algunos líderes misioneros consideran que la exposición temprana a oportunidades o cargos de responsabilidad puede llevar a veces a un exceso de confianza en los jóvenes, lo que les dificulta recibir corrección u orientación. Por otro lado, las generaciones jóvenes suelen tener grandes expectativas puestas en los líderes mayores, pero pueden desconectarse rápidamente cuando esas expectativas no se cumplen.

Fortalezas de la generación joven

En distintos contextos, la generación joven se distingue por una pasión, una energía y un celo misional visibles, que se ven en acciones como «salir a las calles a evangelizar» con lo que las personas participantes describieron como «fuego». Son audaces y «muy francos», dispuestos a «defenderlo» e incluso a «luchar por ello». Esta energía va acompañada de creatividad e innovación: «inician cosas», se adaptan rápidamente y se comunican con eficacia en los espacios digitales, donde son «fuertes en el uso de las redes sociales». Aprenden rápido, son adaptables y los impulsa el idealismo: el deseo de que el Evangelio «hable a la totalidad de su vida». Esta perspectiva integral reúne compromisos con la evangelización, la justicia, las comunidades marginadas, el cuidado de la creación de Dios y más. Los jóvenes muestran curiosidad, pensamiento crítico y profundidad relacional a través de una fuerte influencia entre pares y de la «evangelización por amistad». Demuestran compromiso y constancia, y a menudo están dispuestos a sacrificarse por lo que creen. Ya están asumiendo el liderazgo con iniciativa y resiliencia. Cuando se les da espacio y confianza, su potencial se convierte en una realidad presente. No es una generación que espera para liderar, sino una que ya está en marcha y exige cambios.

Conclusión

A lo largo de estas conversaciones surge un panorama coherente: el desafío no es la falta de potencial en las nuevas generaciones, sino la falta de espacio, de confianza y de una inversión intencional. Lo que se requiere es repensar cómo se ejercen el liderazgo, la mentoría y la comunidad entre generaciones. Si hubiera que resumirlo en tres acciones, serían: crear comunidad, ser auténticos y liderar con el ejemplo viviendo el Evangelio, y hacer las tres cosas tanto en persona como en línea.

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